sábado, 8 de marzo de 2008

Nada me han enseñado los años...

Grandinetti se traslada por la ciudad con una planta en "No te mueras sin decirme a donde vas", recuerdo esa imagen y sonrío con las semejanzas que emite mi propia imagen trasladando un pequeño felino de un lugar a otro. Tengo por costumbre el nomadismo y ahora, por esas extrañas circunstancias de la vida, el gato -uno de los animales de mayor arraigo territorial- se ha vuelto mi compañero de movimientos.
En esa película el personaje trataba de inventar la máquina que hiciera en el día reales los sueños nocturnos. En eso pensaba Leopoldo, de eso le conversaba a la plantita.

Al fin, las imagenes superpuestas piden lo mismo: que los sueños nos rescaten.

Soriano le hizo decir a un personaje "es en los sueños donde alguna vez somos felices", hace diez años no lo creí, hoy con mucho más pesimismo encima, mi voluntariosa tozudez pelea porque un poco de felicidad venga a este reino.