martes, 26 de febrero de 2008

Un año más.

Restan pocos días para mi 31 cumpleaños y quizás sea por considerar que el trecho recorrido empieza a ser considerable o por pura necesidad de poner palabras un poco más precisas a tanto murmullo interno, lo cierto es que me vinieron estas ganas de escritura, de grito resistido, este deseo de pintar paredes y decir.
Un cumpleaños es también un sacudón, así sea que lo usemos para mirar los rincones menos iluminados o para ignorar decididamente nuestra lista de haberes, es de esos momentos en que sostenernos la mirada en el espejo se enlaza con algún guiño a la que está ahí esperando.
Y claro, decirle algo a ese rostro siempre es un difícil duelo.
Me reconcozco más vieja, hay un par de canas y de arrugas que se me cuelan y me delatan, pero claro también me delata creer que por tener un año más tengo algo sustancial que decirle a ese rostro que se me ríe.